una borrachera mítica en la aislada frontera de la balsa, con el jefe de aduanas y unos cuantos polis bailongos, fue nuestra bienvenida a este caótico, maravilloso, desolador, apasionante y salvaje país
varios encapuchados apuntando con pistolas al viejo bus en el que viajábamos, fue la primera imagen que vimos al abrir los ojos, en mitad de la noche, alertados por un brusco frenazo. unos minutos después, las casi 60 personitas que viajábamos, estábamos tendidas en el suelo de la selva, amontonadas como focas, con amenazantes metralletas que, anisiosas, buscaban nuestra plata... miedooo....
a lo largo de todo el trayecto, el barco hace múltiples paradas, en las que cienes y cienes de personas suben a vender lo que pueden. el estar en época seca, a las orillas del río se forman unos grandes desniveles sin vegetación, que en nada se parecen a la idea que teníamos del amazonas